Meditar no es dejar de pensar, es aprender a elegir qué pensamientos alimentar.
1. Meditar es entrenar la mente no es hacerlo bien: es volver cada vez que me pierdo
Esta mañana practiqué, como tantas veces, la respiración diafragmática para meditar.
Pero hice algo diferente: pese a las voces que me acosaban, me quedé.
Y entonces descubrí que debajo de mis pensamientos estoy yo, descubrí que mis pensamientos son sólo mi conversación, pero cuando esa conversación se detiene o la escucho sin identificarme AHÍ ESTOY YO.
Ahí lo entendí:
Entrenar la mente es entonces sólo contemplar mis pensamientos sin identificarme con ellos
2. Creando nuevas conexiones neuronales
Me di cuenta de que persistir en pasar la barrera de mis pensamientos (en principio cuando me siento para escuchar), desidentificarme de ellos es la mejor manera de crear nuevas conexiones neuronales. Tomar el control, no dejarme llevar. No rendirme en automático. No repetir lo de siempre.
3. Si no entreno mi mente, el ego toma el volante (y siempre me lleva a los mismos lugares por la misma ruta)
Cada día tengo una elección:
¿Quién arranca manejando mi día: mi ego o mi intención, mi consciencia, YO?
Si no hago nada, mi ego se impone, me arrastra por pensamientos repetidos, me convence que no puedo, que es “muy difícil”, que ya probé todo.
Pero si diariamente respiro y me quedo, entreno mi mente y me vuelvo la conductora.
4. El “no puedo” también es una conexión neuronal (y puedo cortarla)
Hasta hoy, cuando meditaba y no lograba concentrarme, sentía que fallaba.
Me decía: “No consigo”, “no hay caso”, “esto no es para mí”.
Pero algo cambió cuando empecé a ver la práctica como entrenamiento.
Y entendí:
Esto es un entrenamiento, un entrenamiento consciente que debo hacer, y mi cometido es enseñarle a mi mente que debajo de ese incesante bla bla bla que me cuenta quien soy, está quien SOY en realidad.
5. Elijo meditar porque quiero decidir cuándo pensar, sobre qué pensar y cuándo quedarme en silencio
No quiero una mente hiperactiva que me hable sin parar.
Quiero elegir cuándo pensar y cuándo quedarme en el goce del silencio.
Quiero poder:
- Contemplar sin apuro.
- Disfrutar sin interrupciones.
- Expandirme sin restricciones.
- Sentirme parte del TODO sin que mi mente me saque de ahí.
6. Pensar como ayer me encierra en la versión antigua de mí
Si cada día pienso como ayer, sigo repitiendo el mismo guión,
las mismas creencias,
la misma imagen de mí.
Y cuando quiero cambiar, ese viejo guion se impone.
Aunque tenga entusiasmo, aunque extienda las alas, me pesa lo que aún no reprogramé.
El cuerpo obedece a la mente. La mente obedece a la repetición.

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7. Soy más que mis conexiones neuronales (y puedo crear otras nuevas)
Yo creé estas conexiones.
Yo reforcé las limitaciones.
Y ahora sé que también puedo crear conexiones nuevas, más felices, más expansivas.
O simplemente puedo quedarme en silencio.
Escuchar. Contemplar
Entrenar mi mente es retornar a quien realmente soy.
💡 Meditar es mi tarea principal porque quiero
Expandirme.
Ir más allá.
Entrenar mi mente para no ser esclava del ruido.
Y lo voy a lograr.
Con consistencia. Con amor.
Con dirección.

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Este blog forma parte de Luzzabal, la propuesta creada por Luján Mendizábal para guiar a las mujeres a simplificar su vida desde el minimalismo material y mental (claridad interior, orden y foco), incorporar hábitos transformadores (hábitos que cambian tu vida de manera consciente), y avanzar hacia el ikigai y el flow, estados donde la vida recupera sentido y fluidez.
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