Y si el primer paso para transformarnos fuera simplificar?
Amo mi agenda diaria. Durante años sentí que algo no encajaba. Vivía cansada, frustrada, como si la vida que tenía no fuera la mía. Pero no sabía por dónde empezar.
Hasta que, sin planearlo del todo, empecé a preparar mi casa. A ordenar. A vaciar. A quedarme con lo esencial.
Como si estuviera preparando un nido… pero no para un bebé, sino para la vida que quería empezar a habitar.
El minimalismo como medicina para la insatisfacción
Quitar cosas innecesarias de mi casa fue el primer acto de amor hacia mí.
Me dio tiempo. Me regaló silencio.
Y en ese espacio, empecé a mirar de frente mi insatisfacción. Empecé a preguntarme por qué sentía ese vacío, esa tristeza, esa incomodidad con todo.
Minimalismo no es austeridad: es libertad
Durante mucho tiempo viví en modo automático.
Me levantaba, cumplía, me esforzaba, pero nada me llenaba.
Y como no entendía qué me pasaba, pensaba que la solución era hacer más.
¿Cómo iba a encontrar claridad si estaba rodeada de ruido, de acumulación, de deberes, de todo lo que ya no me representaba?
Necesitaba espacio. No sólo físico, sino mental, emocional, espiritual.
Vaciar fue mi manera de volver a empezar.
Una limpieza lenta. Una depuración paciente.
Escucharme fue el primer paso para encontrar mi propósito
A veces, para saber qué queremos, necesitamos antes ver todo lo que no queremos.
Necesitamos dejar de llenar el tiempo para empezar a habitarlo.
Necesitamos soltar lo que pesa para poder fluir.
Yo empecé por mi casa. Y eso me cambió por dentro.
Lo que no quiero vs. lo que sí quiero
¿Te pasó alguna vez que alguien te preguntara qué querés… y te quedaras en blanco? Pero si te preguntan qué no querés, ahí te convertís en oradora profesional. No quiero más reuniones eternas, no quiero cajones que se cierran a presión, no quiero sentir que corro atrás de todo.
La lista de “no quiero” suele salir más rápido que un chisme en grupo de WhatsApp. Y está bien: es un mapa valioso. A veces necesitamos ponerle nombre a lo que no nos gusta para empezar a sospechar qué sí podría gustarnos.
Ese fue mi truco secreto: empecé tachando lo que ya no quería en mi casa y en mi rutina. Y entre tachón y tachón… apareció lo que de verdad quería empezar a vivir.
¿Y si vos también empezás por lo que te rodea?
Quizás no sabés por dónde empezar, y eso está bien.
Pero una buena pregunta es: ¿cómo espero que algo cambie si siempre lo hago igual?
Tu casa puede ser un espejo. Un mapa. Un punto de partida.
No porque sea el final del camino, sino porque es un lugar donde todo puede comenzar.
Entonces te lo dejo picando: ¿te animás a escribir tu lista de “no quiero”?
Capaz que descubrís que ya sabés mucho más de lo que querés de lo que pensabas. Y, quién te dice, entre tanta tachadura aparezca el primer borrador de tu vida elegida.
Este blog forma parte de Luzzabal, la propuesta creada por Luján Mendizábal para guiar a las mujeres a simplificar su vida desde el minimalismo material y mental (claridad interior, orden y foco), incorporar hábitos transformadores (hábitos que cambian tu vida de manera consciente), y avanzar hacia el ikigai y el flow, estados donde la vida recupera sentido y fluidez.
Cada artículo forma parte del recorrido completo que se desarrolla en la web y encuentra su complemento natural en Brújula y Agenda, la Agenda Espejo, una compañera esencial para acompañarte en cada etapa y registrar tu propio proceso de transformación con propósito y presencia.

