De acumuladora zen a minimalista feliz ( cómo dejé de hablar con los objetos)
Hubo un tiempo —no tan lejano, eh— en el que yo era la mujer más ocupada del mundo…
haciendo nada importante, pensando todo el tiempo cómo simplificar mi vida sin encontrar una respuesta.
Pensando diariamente pero sin actuar en serio sobre cómo simplificar mi vida.
No paraba nunca, pero si alguien me preguntaba “¿y qué estuviste haciendo hoy?”, me quedaba en blanco.
“Ordenando” respondía, como si eso justificara una jornada laboral completa.
Y sí, ordenaba. Y sacudía. Y lavaba. Y volvía a ordenar lo que ya había ordenado.
Porque claro, cada objeto tenía algo que decirme:
“Limpiaaaame.”
“¿Te olvidaste de mí?”
“¿Por qué me compraste si nunca me usas?”
“Acá estoy, rompiendo tu Feng Shui emocional.”
Y yo los escuchaba. A TODOS!!!
Era como tener un grupo de WhatsApp con cada cosa que había en la casa.
Y lo peor es que, como soy muy perceptiva, cada mínimo detalle me distraía.
Una taza fuera de lugar, una silla torcida, un papel que no debería estar ahí… y ¡pum! Me levantaba a acomodar.
Lo que iba a ser un ratito se transformaba en dos horas… y ahí se iba mi energía.
Nunca tenía tiempo para escribir, leer, descansar, crear, pensar.
Hasta que un día, no sé bien si fue un reclamo, un enojo o una iluminación, me dije:
“Esto no va más. O saco cosas, o me pierdo a mí.”
Y empecé. De a poco.
Primero con lo fácil. Después lo sentimental.
Un día saqué una bolsa. Otro día, cinco. Y cada acción se convertía en un hábito transformador
Me despedí de lo innecesario como quien suelta una relación tóxica: con alivio y una sonrisa.
Y con cada cosa que soltaba, ganaba algo mucho más valioso: tiempo, aire, espacio mental, claridad.
Hoy ya no hablo con los objetos.
O al menos, si alguno me habla, no le contesto.

Mi casa es simple, mi vida también.
Tengo tiempo para nadar, para pasear, para quedarme mirando el cielo si me dan ganas.
Y sí, por fin tengo tiempo para hacer lo que quiero.
Te lo cuento así, medio riéndome, pero fue un proceso profundo.
De esos que cambian el ritmo del alma.
Te prometo que realmente vale la pena hacer esta transición a TU LIBERTAD.
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Este blog forma parte de Luzzabal, la propuesta creada por Luján Mendizábal para guiar a las mujeres a simplificar su vida desde el minimalismo material y mental (claridad interior, orden y foco), incorporar hábitos transformadores (hábitos que cambian tu vida de manera consciente), y avanzar hacia el ikigai y el flow, estados donde la vida recupera sentido y fluidez.
Cada artículo forma parte del recorrido completo que se desarrolla en la web y encuentra su complemento natural en Brújula y Agenda, la Agenda Espejo, una compañera esencial para acompañarte en cada etapa y registrar tu propio proceso de transformación con propósito y presencia.


