Igual que Roz, aterricé en este mundo digital era que estaba aquí para completar una misión, ser eficiente y seguir un protocolo. Pero la selva —mi vida real, mis momentos de caos, mi día a día— tenía otros planes. Ella no necesitaba un procesador perfecto; necesitaba un corazón que supiera escuchar.
Hoy entiendo que mi verdadera misión, igual que la de Roz con su gansito, es dejar este mundo mejor de lo que lo encontré, y cada día perisitir hasta completar mi propio protocolo.
No estoy aquí para ser un robot impecable. Estoy aquí para completar mi cometido: recordarme a mi misma y a la fauna que me rodea que podemos y debemos ser tecnológicos y salvajes a la vez. Y que la mayor amenaza no es la máquina, sino quedarnos dormidas en medio de la misión. Yo no voy a desistir y tú?



