Boletín de ideas, comentarios e inspiración

Este newsletter es una carta escrita a una amiga a la que le comento todo lo que he visto, lo que me ha llamado la atención y lo que he leído y lo que he visto durante los últimos treinta días. Va a llegar a tu bandeja de entrada el primer día de cada mes.

Lo escribo con la idea de compartir algo que te alegre, que te inspire, ideas que puedas escalar, cosas que a mi me inspiraron o me motivaron a hacer cambios o correcciones en mi rumbo, descubrimientos, pensamientos…

Me imagino que la recibes con la misma expectativa que recibirías un regalo inesperado, que te guste, te entusiasme, active ideas que no encontraban maneras de salir, cambios, nuevos hábitos y sobre todo el deseo de elegir la vida que amarías vivir.

Ojalá sea aquel kit de herramientas indispensables que haga tu vida mucho más fácil y disfrutable

¿Quién escribe?

Mi nombre es Luján, nací en Uruguay y ahora vivo cada año un tiempo en Uruguay y un tiempo en Brasil. Es tan difícil como para un árbol transplantarme tanto, pero es un ejercicio para nunca acomodarme en una zona de confort y como tal lo acepto.

Trabajé durante bastante tiempo rayando papeles y esperando que las horas pasaran en una oficina con la firme convicción de que aquella no era la vida que quería, no había sido una elección consciente.

Sin embargo así viví, aburriéndome, revelándome, frustrándome, aprendiendo, creando y recreando las mismas conexiones que me llevaban cada día por los mismos caminos al mismo lugar.

Y no fué hasta que la vida misma me dió el empujón que el cambio llegó. Ahora sé que hubiera sido mucho más fácil salir antes si hubiera explorado dentro de mi, en lugar de adaptarme a la conciencia del ambiente, luchando por no adaptarme.

Recuerdo que en aquella época esta canción se convirtió en una poderosa afirmación que me sacudía, como para no permitirme que me acomodara:

«No permanecer y trancurrir no es perdurar no es existir, ni honrar la vida. Hay tantas maneras de no ser, tanta conciencia sin saber adormecida. Merecer la vida no es callar ni consentir tantas injusticias repetidas. Es una virtud, es dignidad y es la actitud de identidad más definida. Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir, porque no es lo mismo que vivir honrar la vida…

Y fúe la vida misma que, supongo, cansada de escucharme y de esperarme me dió en un hermoso paquete de regalo el empujón que necesitaba para honrar mi vida.

Me regaló un hijito diciéndome: Bueno y ahora que vas a hacer? Y claro que tomé el regalo y salí de allí sin pensarlo, sin planes, sin ideas pero feliz y libre, con entusiasmo, con alegría y con una enorme confianza.

Y desde entonces cada día ha tenido un sentido, cada día he tenido la posibilidad de estar en mi casa interior, vivir dentro de mi casa, y le he ido haciendo las reformas necesarias y a veces se me ha desmoronado de manera trágica, y he tenido que empezar a reconstruirla sin bases, sólo con valor y con la convicción de que aquí vine para honrar la vida, para que siempre me guste estar en mi, para que la niña que fuí sienta orgullo del adulto en el que me estoy convirtiendo y transformando, siempre, y vea todas sus ideas hechas realidad y juegue y sienta regocijo.

Llevo mucho tiempo hablando sola, aprendiendo y transformando y hoy decidí empezar a comentar en voz alta todo lo que gusta, me interesa y me motiva porque me doy cuenta que mi misión es escalar ideas, inspirar cambios, mantenerme despierta y tratar de impedir que alguien se vaya sin haber vivido.